
EL MIRON DE LA TIENDA DE ROPA INTIMA
Una pregunta para las mujeres:¿Les acompaña su pareja a comprar ropa, o por el contrario se niegan a acompañarles?
Les invito a leer la experiencia de un hombre que con un gran sentido de humor nos relata todo lo que pasa por su mente cuando decide acompañar a su mujer a comprar ropa. Una divertida historia de la que podremos reírnos y además, sacar una moraleja.
Soy un hombre casado que por muchos años he tratado se comprender a mi mujer. No es tarea fácil pero tampoco imposible. Creo que muchos hombres casados nos hemos tropezado con el problema de la autoestima de nuestras parejas. Los años no son benevolentes con las mujeres y aunque muchas se conservan muy bien… hay que reconocer que conlleva muchos sacrificios y un régimen casi militar y obsesivo para lograr alcanzar resultados “marginalmente aceptables” por ellas mismas.
Hace mucho tiempo que yo mismo me he mantenido al margen de acompañar a mi mujer a comprarse ropa y hasta había olvidado el porqué. Víctima de mi propia mala memoria (y a que ya se me habían acabado las excusas para no hacerlo) acepto acompañar a mi señora a comprarse ropa. Mi señora es una mujer de ya cuarenta y “tantos” años (aún por estos medios se me está prohibido revelar su verdadera edad). Su peso es considerado por los medios de la salud como “obeso”. Pero a pesar de todo es una mujer que se siente joven y que desea disfrutar de la vida y hacer las cosas como cualquier persona normal.
Me estuvo contando de una tienda especializada en tallas grandes que tenía una ropa maravillosa y hermosa para la temporada y quería que la acompañara. Ajeno a lo que me esperaba, la acompaño pensando por un lado que no tomará mucho tiempo pues es una tienda que tiene tallas grandes y no habrá ningún problema encontrando algo. La otra razón, mucho más común para los esposos, es la de controlar el gasto excesivo de nuestras mujeres ante una avalancha de “especiales” que prometen un ahorro sustancial pero que al final termina siendo contraproducente pues gastan más de lo debido o se lo acumulan a las ya atestadas tarjetas de crédito.
Al llegar a la tienda pudimos notar mucha ropa colorida y muchas fotos enormes en las paredes de la tienda con modelos “grandes” haciendo gala de las prendas de vestir de la temporada. Las modelos debo aclarar se veían espectaculares a pesar de su talla. Mi esposa muy emocionada comenzó su búsqueda y escogió varios trajes de los que usaban las modelos. Tardó bastante en escogerlos porque no encontraba su talla, aparentemente todas las clientas usaban su misma talla y ya se le habían adelantado. Un poco frustrada me pidió que la ayudara a buscar la talla en cuestión.
Después de una intensa búsqueda encontramos algunos modelos de la dichosa talla “extra” y procedió a probárselos en el probador de la tienda. A todo esto debo permanecer cerca del probador para que le de mi opinión pero esto es muy incomodo para mí pues hay otras señoras probándose ropa y las dependientas me crucifican con sus miradas como si fuera un pervertido viejo verde que quiere “ligar” a las clientas.
Nada más lejos de la realidad, pero las incesantes preguntas de “¿Lo puedo ayudar?” o “¿Desea sentarse al final de la tienda con los otros esposos?”, no me dejan pensar otra cosa. Doy un vistazo y efectivamente hay varios maridos arrepentidos esperando con la cartera de sus esposas cuyo semblante resignado y sombrío comenzó a reflejarse en el mío. Era una escena lastimosa, no hay nada peor para un hombre que estar con una cartera de mujer en una tienda de mujer junto al departamento de ropa intima de TALLAS GRANDES esperando largos y agobiantes minutos en una tortura que sólo puedo comparar a la que sufren las mujeres cuando le hacen el examen del PAP (citología).
No hubo tiempo de unirme al grupo pues ya me estaba llamando mi esposa para mostrarme el primer modelo que al verlo parecía que le estaba estrangulando las caderas. Mi primer pensamiento fue decirle que era muy pequeño y que necesitaba una TALLA MÁS GRANDE. Pero mi instinto de conservación me instó a decirle que no me gustaba como le quedaba ese modelo. Es muy triste que ambos estemos en esa posición, ella esperando una respuesta honesta pero a la vez no soy capaz de ofrecerla porque puedo herir su autoestima. Entonces ¿Cómo hago? Después de medirse todas las prendas se convence ella misma que quizás necesita un número más grande. “¿Quizás?” Me dije para mí mismo; bueno, es un adelanto.
Volvemos a rebuscar de arriba para bajo toda la tienda la nueva talla con resultados no del todo alentadores. Me puse a mirar detenidamente las fotos de las modelos y noté que la ropa en la foto se notaba más brillante que la misma ropa en la tienda, brillante, sin arrugas… ¡PERFECTA! A la medida…y es entonces cuando caigo en cuanta de lo que está pasando. Su ropa es ajustada y perfeccionada a cada modelo y aún las imperfecciones son arregladas y manipuladas en la foto.No hay mujer perfecta… no la hay y he aquí mi mujer pretendiendo lucir como una de ellas sin darse cuenta que las tiendas de ropa no fabrican a la medida y muchas veces las tallas varían de fabricante a fabricante. Que aunque el número de talla sea enorme no significa que haya engordado o que se ha convertido en… ¡UNA VACA! (Es sólo un ejemplo)
Entonces vuelvo y me pregunto: ¿Cómo hago para hacerle entender? ¿Cómo hago para ser honesto con ella sin herirla? Y sin pasar la noche durmiendo en la sala. O mejor aún, ¿Cómo hago para librarme de ir a la tienda y hacer un papel tan ridículo? Cuando lo único que la mujer necesita es sentirse bien con ella misma sin importar el número de la etiqueta en su ropa.
RECOPILADO POR SEGURO444
Una pregunta para las mujeres:¿Les acompaña su pareja a comprar ropa, o por el contrario se niegan a acompañarles?
Les invito a leer la experiencia de un hombre que con un gran sentido de humor nos relata todo lo que pasa por su mente cuando decide acompañar a su mujer a comprar ropa. Una divertida historia de la que podremos reírnos y además, sacar una moraleja.
Soy un hombre casado que por muchos años he tratado se comprender a mi mujer. No es tarea fácil pero tampoco imposible. Creo que muchos hombres casados nos hemos tropezado con el problema de la autoestima de nuestras parejas. Los años no son benevolentes con las mujeres y aunque muchas se conservan muy bien… hay que reconocer que conlleva muchos sacrificios y un régimen casi militar y obsesivo para lograr alcanzar resultados “marginalmente aceptables” por ellas mismas.
Hace mucho tiempo que yo mismo me he mantenido al margen de acompañar a mi mujer a comprarse ropa y hasta había olvidado el porqué. Víctima de mi propia mala memoria (y a que ya se me habían acabado las excusas para no hacerlo) acepto acompañar a mi señora a comprarse ropa. Mi señora es una mujer de ya cuarenta y “tantos” años (aún por estos medios se me está prohibido revelar su verdadera edad). Su peso es considerado por los medios de la salud como “obeso”. Pero a pesar de todo es una mujer que se siente joven y que desea disfrutar de la vida y hacer las cosas como cualquier persona normal.
Me estuvo contando de una tienda especializada en tallas grandes que tenía una ropa maravillosa y hermosa para la temporada y quería que la acompañara. Ajeno a lo que me esperaba, la acompaño pensando por un lado que no tomará mucho tiempo pues es una tienda que tiene tallas grandes y no habrá ningún problema encontrando algo. La otra razón, mucho más común para los esposos, es la de controlar el gasto excesivo de nuestras mujeres ante una avalancha de “especiales” que prometen un ahorro sustancial pero que al final termina siendo contraproducente pues gastan más de lo debido o se lo acumulan a las ya atestadas tarjetas de crédito.
Al llegar a la tienda pudimos notar mucha ropa colorida y muchas fotos enormes en las paredes de la tienda con modelos “grandes” haciendo gala de las prendas de vestir de la temporada. Las modelos debo aclarar se veían espectaculares a pesar de su talla. Mi esposa muy emocionada comenzó su búsqueda y escogió varios trajes de los que usaban las modelos. Tardó bastante en escogerlos porque no encontraba su talla, aparentemente todas las clientas usaban su misma talla y ya se le habían adelantado. Un poco frustrada me pidió que la ayudara a buscar la talla en cuestión.
Después de una intensa búsqueda encontramos algunos modelos de la dichosa talla “extra” y procedió a probárselos en el probador de la tienda. A todo esto debo permanecer cerca del probador para que le de mi opinión pero esto es muy incomodo para mí pues hay otras señoras probándose ropa y las dependientas me crucifican con sus miradas como si fuera un pervertido viejo verde que quiere “ligar” a las clientas.
Nada más lejos de la realidad, pero las incesantes preguntas de “¿Lo puedo ayudar?” o “¿Desea sentarse al final de la tienda con los otros esposos?”, no me dejan pensar otra cosa. Doy un vistazo y efectivamente hay varios maridos arrepentidos esperando con la cartera de sus esposas cuyo semblante resignado y sombrío comenzó a reflejarse en el mío. Era una escena lastimosa, no hay nada peor para un hombre que estar con una cartera de mujer en una tienda de mujer junto al departamento de ropa intima de TALLAS GRANDES esperando largos y agobiantes minutos en una tortura que sólo puedo comparar a la que sufren las mujeres cuando le hacen el examen del PAP (citología).
No hubo tiempo de unirme al grupo pues ya me estaba llamando mi esposa para mostrarme el primer modelo que al verlo parecía que le estaba estrangulando las caderas. Mi primer pensamiento fue decirle que era muy pequeño y que necesitaba una TALLA MÁS GRANDE. Pero mi instinto de conservación me instó a decirle que no me gustaba como le quedaba ese modelo. Es muy triste que ambos estemos en esa posición, ella esperando una respuesta honesta pero a la vez no soy capaz de ofrecerla porque puedo herir su autoestima. Entonces ¿Cómo hago? Después de medirse todas las prendas se convence ella misma que quizás necesita un número más grande. “¿Quizás?” Me dije para mí mismo; bueno, es un adelanto.
Volvemos a rebuscar de arriba para bajo toda la tienda la nueva talla con resultados no del todo alentadores. Me puse a mirar detenidamente las fotos de las modelos y noté que la ropa en la foto se notaba más brillante que la misma ropa en la tienda, brillante, sin arrugas… ¡PERFECTA! A la medida…y es entonces cuando caigo en cuanta de lo que está pasando. Su ropa es ajustada y perfeccionada a cada modelo y aún las imperfecciones son arregladas y manipuladas en la foto.No hay mujer perfecta… no la hay y he aquí mi mujer pretendiendo lucir como una de ellas sin darse cuenta que las tiendas de ropa no fabrican a la medida y muchas veces las tallas varían de fabricante a fabricante. Que aunque el número de talla sea enorme no significa que haya engordado o que se ha convertido en… ¡UNA VACA! (Es sólo un ejemplo)
Entonces vuelvo y me pregunto: ¿Cómo hago para hacerle entender? ¿Cómo hago para ser honesto con ella sin herirla? Y sin pasar la noche durmiendo en la sala. O mejor aún, ¿Cómo hago para librarme de ir a la tienda y hacer un papel tan ridículo? Cuando lo único que la mujer necesita es sentirse bien con ella misma sin importar el número de la etiqueta en su ropa.
RECOPILADO POR SEGURO444
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